Ya han pasado casi veinte días…
veinte días con el corazón roto, con el alma a gritos, ardiendo. Han pasado
veinte días, desde que me rompiste el corazón.
Realmente pasó el tiempo muy
rápido, o tal vez sigo aferrada a aquél día, en la oscuridad de tu auto, con tus
ojitos llenos de lagrimas y con un frío que podía calar hasta los huesos.
Fue un 25. Un helado 25. Helado,
frío…. Como si el destino hubiera preparado el escenario perfecto para mi
destrucción. Como si se guardara luto por lo que estaba a punto de ocurrir.
Tenía días sin verte. Semanas
sin tocarte, sin sentir tu perfume de limón y tus brazos alrededor de mi
espalda, protegiéndome, cuidándome. Y… realmente los días sin ti me molestaban.
Era molesto no tener tu presencia conmigo, era frustrante pasar los días sin
mirar tu sonrisa de diamantes, esa sonrisa que me cegaba, que me hacía tocar el
cielo. Porque tenías esa capacidad…. tenías la capacidad de elevarme al cielo,
de hacerme tocar las nubes. Yo solo tenía que verte sonreír y la magia estaba
hecha. Y solo Dios sabe, que podría estar toda una eternidad (tal vez dos)
mirando tu sonrisa. Yo hubiera dado todo por tu sonrisa.
Y, ése día, lo único que yo
quería era verte, abrazarte y que me hicieras saber, que todo estaba bien. Que
mis sospechas eran solo parte de mi excesiva paranoia o de mi exagerado miedo.
Que mi cabeza comenzaba a alucinar. Quería sentir que me querías, quería
sentirlo hasta que doliera, hasta que se volviera insoportable.
Quería verte sonreír, quería
verte bromear y reír, para de esa manera darme cuenta de que no había un lugar
mejor, un lugar más hermoso y más tranquilo que a tu lado. Pero supongo que
pedí demasiado, Lo se.
¿Puedes creer que a pesar de
habernos visto ya muchas veces, estaba nerviosa? Tenías un poder sobre mi, que
estoy segura jamás podrás imaginar. Y estoy segura que tampoco te alcanzará la
vida, para imaginar lo que sentí cuando te vi llegar.
Ibas de azul, y te veías tan
guapo, tan bello que juro que creí que no podrías ser verdad… Alguien como tu
no podía ser verdad, por que eres de pies a la cabeza, justo como soñé, tienes
todo lo que quiero, todo lo que necesito y preciso. Todo, incluso tus defectos,
son perfectos. Y no hay nada, absolutamente nada, que no me guste, que no
adore, que no ame. Y, ¿sabes que era lo mejor? ¡Que me querías! El chico de
ensueño me quería, el chico de la sonrisa de diamantes y de ojitos de chocolate
sentía algo por mi. Que tonto de mi parte pensar así ¿verdad?
Y cuando llegaste nada
importó, y lo demás dejó de existir, porque estabas aquí, estabas conmigo, con
tu sonrisa, con tu presencia, y de pronto mi galaxia se redujo a un ser humano,
mi centro se volvió persona… mi chico de ensueño.
Yo no se como hiciste para
lograr que me enamorara tanto de ti, y de una manera tan rápida. No tengo la
más mínima idea de qué método utilizaste, o a qué técnica recurriste. Yo solo
sé que… te miré y no hubo marcha atrás. Te quiero tanto, que duele, me lastima.
Te quiero tanto que muero y vuelvo a vivir en un solo segundo. Te quiero como
nunca imaginé quererte, te quiero de una manera tan bonita, tan bella que me
desarma de ternura.
Y yo debí saber que algo no
andaba bien, que algo iba a romperse. Debí saberlo desde un principio, por que
tu mirada no brillaba, tu mirada no me desarmaba, por que tu sonrisa hacia mi,
siempre fue vacía. Yo debía saberlo. Y tal vez por eso, yo soy la culpable de
éste desastre. Yo me cegué, no quise ver y gracias a eso ahora estoy hundida
rogando por un poco de piedad. Y me
odio, porque yo si lo sabía, siempre lo supe ¿sabes?. Me dijiste que me
querías, y no te imaginas lo feliz que fui, lo alto que volé y la inmensa
cantidad de nubes que toqué… sin embargo yo lo sabía. Yo sabía que no era
verdad, yo sabía que algo no estaba bien, lo sentía. Siempre hubo algo que me
incomodaba, que me hacía dudar, siempre estuvo ahí la verdad, interrumpiendo mi
felicidad, tentándola, tratando de reventar la burbuja que había creado para
mi. Pero nunca quise prestar atención. Preferí tomar la venda que tiernamente
me prestaban la ilusión y la esperanza y la puse sobre mis ojos, la vendé sobre
mis oídos y mi alma.
En mi defensa, puedo decir,
que no había sido tan feliz…. Es decir, ¡me querías! Mi chico perfecto me
quería, la sonrisa de diamantes era mía. El cielo estaba en mis manos, ¿Por qué
habría de soltarlo?
Pero la venda nunca fue
suficiente ¿sabes?, las dudas crecieron, y comenzaron a inundar mi cabeza,
ellas comenzaron a borrar tu precioso recuerdo, comenzaron a manchar mis
ilusiones, me bajaron del cielo. Y solo Dios sabe cuánto odié a esas malditas
dudas, porque ni siquiera la verdad, ni siquiera tu verdad dolió tanto como
esas malditas dudas. No me quedaba mas… yo tenía que enfrentarte, tenía que
saber la verdad.
Y ahí me tenías, con el miedo
carcomiendo mi alma, con la tristeza tomando mi mano, mientras estábamos sentados
en esa biblioteca y tratabas por todos los medios posibles no mirarme. Nunca había sentido a nadie tan frío y distante, nunca me había dolido tanto la indiferencia de nadie, excepto la tuya.
Y siempre voy a guardar tu
nombre, aquél que escribiste en mi desgastada libreta, siempre estará grabado
sobre mi corazón. Para mi es la cosa mas bonita de éste mundo.
“Entonces, no sientes nada por
mi ¿verdad?”
Y ni siquiera pudiste
responderme. Simplemente negaste con la cabeza, mientras agachabas la mirada. Y
yo no puedo describir con exactitud que fue lo que sentí, porque para ser
honesta, lo único que fui capaz de sentir fue… shock… A pesar de que ya lo sabía, a
pesar de que esperaba esa respuesta, me quedé en shock. Porque fue tan rápido,
porque era mi mas grande miedo hecho realidad, porque la verdad me golpeo de
frente. La venda se había caído en su totalidad y pude ver claro todo. Y estaba
en shock.
Y no podía escuchar lo que
decías, no podía procesar nada, porque dentro de mi mente solo estaba tu
negativa, no había espacio para nada ni nadie mas. Era como si mi alma se
hubiese apagado y mi mente se hubiese bloqueado. Lo que decías dejó de tener
sentido. Recuerdo sentirme incómoda, mi lugar de paz se había ido, recuerdo lo
mucho que quería huir de ahí.
Y cuando me bajé de tu auto,
seguía en shock y cuando me encerré en mi cuarto, seguía en shock… fue hasta
que los primeros acordes de aquella dolorosa canción comenzaron a sonar, cuando
todo se derrumbo, cuanto sentí el dolor. Fue entonces cuando me di cuenta que estaba
en el suelo, que el cielo se encontraba fuera de mi alcance… otra vez.
¡Dolía tanto! Yo me estaba
muriendo esa noche. Nunca había llorado tanto por nadie, nunca había estado tan….
Destrozada. Jamás voy a olvidar mi imagen, tumbada, destrozada, moribunda,
rogando por un poco de oxígeno, implorando clemencia, desangrándome, en aquella
habitación. Y es que… he tenido muchos “no” en mi vida, pero, podría jurar que
el tuyo, fue el más doloroso de todos.
No dormí esa noche. Y tu
negativa sigue en mi cabeza, hasta la fecha, a pesar de haber pasado veinte
días.
Ha sido todo un duelo, una
constante lucha conmigo misma para exorcizarte. El mundo de pronto se hizo mi
enemigo, y dolía, ¡como dolía pensar en ti!.
Y duele, aún duele, sin
embargo, tu sonrisa sigue siendo la cosa mas bonita que he visto, y la llevo
siempre conmigo, y mis brazos aún sienten tu espalda, mi mejilla aún descansa
en tu pecho y puedo jurar que tu aroma seguirá embriagándome siempre a donde
quiera que vaya.
Se que voy a tardar en sanar,
porque la herida sigue abierta, expuesta a cualquier recuerdo, a cualquier
sonrisa, y se que va a doler, que seguirá doliendo un infierno, o tal vez dos…
Pero también se, que lo voy a lograr. Tan solo mírame, amor mío, me estoy
levantando. Me voy a poner de pie, te lo prometo. Y entonces, solo entonces…
voy a comenzar otra vez.